No tengo voz para el canto
Mi canto canta contigo
Mi canto fuera testigo
Del amor y del espanto.
domingo, 11 de diciembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
martes, 15 de noviembre de 2011
Marilyn, la cenicienta y las mujeres
Marilyn tomó demasiadas pastillas ayer / La habían dejado sola, le habían mentido / Con pollera blanca flotando en el viento la ves / Sobre los subterráneos había nacido / Y cuando la vimos morir / La vida nos vino a decir / 'Esto no es un juego, nena, estamos atrapados' / Por eso, quémate en el fuego fatuo / Báñate en el verde lugar / Pero vuelve pronto a casa Sana y salva la cenicienta nunca fue feliz / Siempre fue una fregona vuelta princesa / Las mujeres vienen al mundo sin saber por qué / Ni ellas tampoco entienden el significado / Y viven en campos sin sol / Y aman con el corazón / Esto no es un juego, nena, estamos atrapados /
Por eso quémate en el fuego fatuo / Bañate en el verde lugar / Pero vuelve pronto a casa...
TODOS TENEMOS HOGAR
lunes, 14 de noviembre de 2011
62
Pero ahora escúchame, aunque estés durmiendo sola en tu departamento de la rue de la Clef: el silencio es traición. Hasta el final pensaré que puedo haberme equivocado, que las evidencias que te manchan contra mí, que me vomitan cada mañana en una vida que ya no quiero, nacen quizá de que no supe encontrar el verdadero orden y de que tú misma no entendiste nunca lo que estaba pasando. Hélène, que no entendiste nunca lo que estaba pasando, Hélène, que no entendiste la muerte del muchacho en la clínica, la muñeca de monsieur Ochs, el llanto de Celia, que simplemente echaste mal las cartas, inventaste un gran juego que te vaticinó lo que no eras, lo que todavía me obstino en querer que no seas. Y si me callara traicionaría, porque las barajas están ahí, como la muñeca en tu armario o la huella de mi cuerpo en tu cama, y yo volveré a echarlas a mi manera, una y otra vez hasta convencerme de una repetición inapelable o encontrarte por fin como hubiera querido encontrarte en la ciudad o en la zona (tus ojos abiertos en esa habitación de la ciudad, tus ojos enormemente abiertos sin mirarme); y callar entonces sería vil, tú y yo sabemos demasiado de algo que no es nosotros y juega estas barajas en las que somos espadas o corazones pero no las manos que las mezclan y las arman, juego vertiginoso del que sólo alcanzamos a conocer la suerte que se teje y desteje a cada lance, la figura que nos antecede o nos sigue, la secuencia con que la mano nos propone al adversario, la batalla de azares excluyentes que decide las posturas y las renuncias. Perdóname este lenguaje, el único posible. Si me estuvieras escuchando asentirías, con ese gesto grave que a veces te acerca un poco más a la frivolidad del narrador. Ah, ceder a esa moviente armazón de redes instantáneas, aceptarse en la baraja, consentir a eso que nos mezcla y nos reparte, qué tentación, Hélène, qué blando boca arriba sobre un mar en calma.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Rebelarse vende
Se puede estar cometiendo la simpleza de intentar imponer los intereses de la clase intelectual y académica -libertad de imaginación, "una vida más sencilla"- al resto de la población (argumentando que no aceptarlos es ser víctima de la tecnocracia). Lo malo de creer que todos somos víctimas de una ideología total es la imposibilidad de decidir qué factores apoyan o desmienten esta tesis.
En cualquier caso, parece claro que a los trabajadores no les interesaba demasiado liberar su imaginación. En vez de abarrotar las galerías de arte y los recitales de poesía, han seguido teniendo una afición malsana por los deportes, la televisión y las bebidas alcohólicas. Naturalmente, esto alimenta la molesta sospecha de que al gran público le pueda gustar el capitalismo, que pueda realmente querer tener productos de consumo. Parece sugerir que la incapacidad del capitalismo para satisfacer las «necesidades profundas» de la gente quizá no sea tan grave, sencillamente porque esas necesidades profundas no existen. En otras palabras, los académicos parecen haber confundido los intereses de su propia clase social con los intereses generales de la población, dando por hecho que «lo bueno para mí» es «lo bueno para la sociedad».
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